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jueves, 2 de abril de 2015

Córdoba en Semana Santa



El incienso se desparrama por algunas calles, iglesias, y parques del viejo continente. La gracia y la bondad, llega a borbotones, llena a forma interesada de lisonja voluptuosa e interesada, sin ser invitada cada año por sus rincones, perteneciente a una cultura que se cuela majestuosa entre los placeres místicos de los sentidos, las ilusiones se encienden por arte de magia.  Obras escultóricas tratan de la unión y relación humana con la divinidad.
Los jazmines comienzan a tapizar los jardines de Córdoba – Andalucía. Se posan junto a sus fuentes, sobre los miradores de Medina Azahara. Se adormece el Azahar apacible y caprichosamente invitando al descanso del peregrino. Caprichosamente se mece dulce y tierna la señora de los Dolores de Córdoba por el Patio de los Naranjos, en la Mezquita Catedral. Se pasea la madre de los hombres.
Desde ahí, en este hipnótico jardín, la presencia de la señora se mezcla como el mismo bálsamo del Jazmín, como de su aceite esencial. Se obtienen sustancias ansiolíticas e hipnóticas suaves. Las malas digestiones del alma se transforman en esperanza y optimismo, el ambiente que se respira en el Patio de los Naranjos hace abandonar las nauseas de origen físico y hace llegar la paz celestial. Las yemas de los dedos pueden tocar el cielo abierto, a la vez que se levanta el paso de la señora coronada por miles de estrellas desde el firmamento más divino.
 El Jazmín de la primera primavera, se cuela por el barrio de la Judería, a orillas del Guadalquivir. La brisa de la noche corre por los canalillos y callejuelas, por los patios llenos de macetas, aromas y colores. La voz del capataz se adentra como única anfitriona del silencio antes de reanudar el paso de Cristo.   El Azahar se abre por las fuentes majestuosas del Alcázar de los Reyes Cristianos, desde sus balcones parecen esperar inquietos, Isabel y Fernando, tanto monta, montan tanto…
Sus mujeres más bellas y naturales, quedaron plasmadas en lienzo a manos de Julio Romero de Torres. El pintor de Córdoba que dejó las características más sensibles y hermosas de la mujer cordobesa. Cristianas, Sultanas y Moras, esperan en luto y mantilla, bajo la Puerta del Perdón, el paso del Rescatado.
El Miércoles, La Paz y Esperanza, cubierta de su manto blanco e inmaculado,  se arropa sintiéndose amada entre la devoción de sus gentes camino a su casa de Capuchinos, saludando un instante antes al Cristo de los Faroles, más limpio y pálido que nunca, majestuoso y antiguo responde al saludo desde la cruz a su santa madre, La Paz y Esperanza de Capuchinos.
Córdoba, mi sultana mora, llana y misteriosa, sin dejar su encanto en cada plaza, en cada fuente, en cada calle estrecha de la judería, La del Pañuelo, La calle las Flores.
¡Córdoba cuanto te quiero…!

jueves, 9 de octubre de 2014

Las personas tóxicas.



Se encuentran en todos los lados y son ellos los que te buscarán si eres victima propicia, ya que no actuarán con todos igual, saben con quienes pueden y quiénes no.  Algunos pueden considerar como comportamientos tóxicos lo que para otros puede ser aceptable o puede ser lo normal. Es una percepción subjetiva, lo saben y aprovechan este punto poniéndolo como aprovechable al manipular sus actuaciones a los que les rodean. Como reconocerlos: Es la persona que en forma continua habla de temas negativos. Encuentra el punto negro, no acepta a la primera una opinión o sugerencia, son hirientes. Ellos tienen la razón siempre. Estas personas están reflejando lo que traen en su interior: mucha negatividad, resentimiento, envidia, celos, crítica, frustración, baja autoestima, necesidad de ser reconocidos, aprobados y ser importantes. Creen que solo han luchado con esfuerzo en la vida ellos únicamente. Sus víctimas son por esto las que menos han conseguido en su propio porvenir, pues pueden machacarlos y desfogar sus incertidumbres. Nunca les ofrecen soluciones positivas, las disfrazan de soluciones únicas deprimentes y sin mucha esperanza, lo llamarán realismo y que no afrontas la realidad. Siempre te lo dirán en privado, de cara al público hacen lo contrario, así si intentas ponerlos en su sitio los demás pueden ponerse de parte del toxico sin darse cuenta. Si les pides ayuda ya que ellos saben tanto y se han hecho a sí mismos, te responderán que no, que uno tiene que ayudarse solo, en estos casos que intentan atormentarte nunca te darán soluciones positivas y esperanzadoras, por ahí los pillarás bien de que van. Están vacíos y buscan llenar este hueco con tu amistad, relación, o compañía. Este tipo de personas te cansan, te aburren, limitan la conversación, pues sus pensamientos derrotistas nunca te llevarán a ningún lado, chupan tu energía positiva como vampiros emocionales, harán durante la conversación espavientos y teatrismos absurdos incluso dejándose llevar del placer que están viviendo al ver que te están hundiendo dejándote sin esperanza alguna. Es maldad en estado puro. Jamás se les pasara por la cabeza una reparación a sus daños, pues son inconscientes de sus actos ya que comprenden mal la humildad o la desconocen.
Como se las controla: Escapando de ellas si puedes. Tejen tan bien sus redes para que no escapes que antes que los localices intentan saber todo lo posible de tu intimidad, por ahí te agarran. Al "tóxico" se lo neutraliza con amabilidad. Su afán por lastimar con comentarios o actos desagradables resulta estéril si él percibe que carece de efecto. Será difícil evitarlos porque una vez que creen que te tienen insisten por teléfono, o por Internet, redes sociales, mensajes internos no visibles a los demás, para pasar más ocultos y desapercibidos. En público su mofa hacia ti cambia para que los demás crean que no es mal intencionado. Si te enfadas en público con ellos puedes cagarla y ellos ser las víctimas, cuidado con eso, no son imbéciles, son malos. Pueden confundirse las personas toxicas. Las que nunca son tóxicas son las que van a su rollo. Dirigidas en pensamientos propios, a sus ideas sin meterlas en casa o vida de nadie, el que te quiera leer que entre por su propia curiosidad. Además al no tóxico se las trae al pairo que le lean o no, escribe por sentirse vital a sí mismo, como terapia sana de ocupación interior. Las opiniones de los demás no es lo más importante, para el tóxico sí que lo es, y esta siempre entrando en el lugar del otro para que tome nota de su control sobre tu persona. La persona tóxica te preguntara en privado si has hecho sus tareas en el camino de tu vida. Las que te impone con sus consejos que no le reclamas. Reduzca al mínimo el contacto personal con ellos, es lo más importante.
¿Qué tiene de bueno localizar a una persona tóxica? Que refuerza tu lucha adecuada contra su comportamiento, reforzando el positivismo más útil que necesitas para afrontar tus propios problemas. Esa actitud la adquieres al tener que contrarrestar las actitudes tóxicas. Recuerda que no hay mal que por bien no venga.
Cuidado en un aspecto del toxico, muy a tener en cuenta, y es que los que tienen éxito, están en el mundo y ocultan su veneno con quienes creen que les son útiles para relacionarse con buena actitud entre la sociedad. También utilizan al que le es necesario y aparecen ante ellos como ejemplos de virtud en el mundo. Pueden ser muy responsables en sus empresas, les gusta destacar en política pues son centro de atención y útiles entre sus compañeros afiliados al partido que militan. Se sienten como verdaderos animales políticos y se les da bien los discursos, por eso destacan ahí y se rodean de gente que les admire.  En parte es lo que buscan, pero de manera efectiva, por lo que utilizarán estas frases a menudo que ayudan a que no te la peguen del todo: "eso ha salido gracias a que yo"....., "ya lo dije...", "seguro que yo soy el elegido/a, a ti lo que te pasa es que no reconoces…" y... un largo etc... Ten presente que llegan a ti por querer darte consejos para que te encuentres mejor. Jamás te darán esperanzas, por ahí los pillaras desde abajo. Las ideas para prosperar te las tienes que localizar solito. Malo será si prosperas para sus verdaderas intenciones. Esas metas e ideas realizadas y plasmadas en tu buena actitud, no serán buenas para el agresor y si para la victima del tóxico, por lo que tu futuro te lo suelen empantanar lo máximo posible.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Impresionado por Marina Mariasch y Fogwill, esa Argentina de otro Planeta en este.




Cada día que pasa tengo una idea más y más presente, debo fugarme a La Argentina, pudrirme en Buenos Aires, pasear por barrios abiertos entre parques interminables como el de Palermo. Conociendo a poetisas como Marina Mariasch, poetas como Rodolfo Fogwill, amantes perfectas como Martina Valentino. A la que conocí en Córdoba como la diosa del sexo sin compromiso, solo con la Visa del último adiós. Pero merecía la pena, pues no descubrí a una prostituta, solo a un ser humano que sabía hablar y entenderme. Una loquita argentina culta, que me hizo sentirme persona, ser humano, un caminante más del mundo. Hay mujeres de la vida a las que habría que ponerles un monumento por su deliciosa obra social, aguantarme un ratito. Solo charlando descubrí nuevos caminos que en mi país solo forman parte del desierto fantástico, esos locos perdidos. Los que solo ven que algo te pasa, lo que no quieres reconocer, la realidad que solo ellos contemplan y te lo recuerdan a cada momento, sin más diversidad de conversación. Tan aburridos, tan tétricos, tan pesimistas. Personas que viven en sus mundos que son tan reales o más que de las gentes a las que pueden palpar con la yema de sus dedos y no piensan como ellos mismos. De las que reniego como de la peste. Mi España tan viejita, tan atormentada, tan quebrantada. Los amigos que se me pegan como gusanos tristes cansados de morder entre las moreras, hastiados y saciados de toda experiencia. Solo sirven para que me entren ganas de levantarme, para recibir otro cabezazo contra un muro. No aprendo a seleccionar al parásito emocional del ser cándido, que goza de salud empática. Tengo la enfermedad de abrir mis brazos a todo el mundo que se me acerca creyendo que es un virus disfrazado de benévolo, inocuo e inocente. Luego me ofrecen el kínder sorpresa nocivo, y me desespero. Cuando realizo algo que merece la pena, reúno fans que en minutos se me suicidan o se me transforman en vampiros emocionales de salón o en terraza de bar. Creo que en La Argentina seré feliz. Descubriré el Dorado, pues los Bonaerenses están locos dentro de sus otros mundos que los españoles hemos olvidado. La felicidad para ellos, colabora entre ideales nuevos fuera de su sitio, las cosas no están donde deberían encontrarse, por eso tienen su chispa de magia. Si quieres que te vean pelo sobre tu despoblada cabellera, acabaras por dejarles tocar tu melena. Luego te seguirán dando ánimos en tu búsqueda de lo mágico, sin dejar de repetirte que a pesar de tus más de cuarenta años, aun tienes un gran futuro por delante, un mar abierto a la esperanza. Allí encontraré la amistad que tanto ansío, sin tener que viajar a Nunca Jamás. La felicidad quiere ser legítima, la felicidad culmina con un ideal nuevo, la felicidad es una imagen que se construye en el presente con materiales del pasado. Lo malo es que carezcas de recuerdos importantes, de experiencias que te hacen temblar de alegría, para rellenarlo en el tarro de los recuerdos. Tienes que disponer de imágenes que relampaguean desde el interior, las otras solo son malos recuerdos. Hay un poema de Marina Mariasch que acaba de forma que lo transformo con mi falta de ingenio y falsa modestia: “Nací en el 69 y no me sirvió de nada para recrear posturas graciosas, podría haber sido el rey del mambo, pues me siento bien parecido, y me quede en esperpento de feria”. En España me dirán: “Otra vez te estás quejando y escuchando tu vanidad, siempre a ti mismo, el perdedor de siempre” En la argentina dirían: “Soos maravillooso pues sabes soñar…” y nada más. Tengo que morirme en La Argentina, vivir en otro mundo distinto a este, dentro del planeta, pues aun no me dejan escapar de la Galaxia. Allí tendré a gentes que se soportan desde sus mundos paralelos, tener sueños, ilusiones. Disparatarse es sentirse vivo, a la vez que tener el presentimiento que formas parte de un grupo de genios incomprendidos, donde solo en Buenos Aires te aceptarán, tienen muchos, y nunca demasiados…
Una vez vi en una entrevista de Marina Mariach a Rodolfo Fogwill en un parque chino, precioso, supongo que dentro del propio Palermo, y Fogwill le pregunta a Marina:
-        ¿Qué sentís cuando te hablo así?
-        Me recordas a mi papa.
-        ¿Y te cogerías con alguien que se parezca a tu papa?
-        Lo hice.
-        Si. Bueno está bien pero no hay muchos que se parezcan a tu papa que es muy buena persona.
En España Fogwill parecería un pederasta depravado. En La Argentina es una conversación inocente, casi infantil. Para mí es metafísica en estado puro. La diferencia está en que parece que no se les ha corrompido la buena fe que llevan desde la niñez a la madurez, sin convertirse en un saco de piedras del que hay que desprenderse tirando al rio, por el que dirán. Son sencillos a la vez que complicados. Ven en las pequeñas cosas de la vida sentidos despiertos y activos para utilizar. Otros medios que no llegan a la fantasía ilimitada y vulgar, más bien reboza de humor sano, para algunos complicado de comprender si no se es limpio de corazón e inocencia. Escriben lo que sienten, sienten cuando escriben, y lo manifiestan.
En una de las anécdotas de Fogwill, en la guerra de las Maldivas, oyó en su casa desde lo lejos chillar desesperadamente a su madre. Se acerco donde estaba viendo las noticias, llena de la más impetuosa sonrisa y loca de alegría. Le contó que habían hundido un barquito Ingles. Fogwill se fue igual de imperturbable a su despacho donde escribía. Empezó una novela, poniéndole el título de primeras: “Mi mama ha hundido un Destructor”, tuvo mucho éxito y le proporciono la plata suficiente para vivir unos meses a lo grande…
Marina en una de sus poesías deja claro la posición de los actos más humanos y entrañables con otra perspectiva. Por ejemplo, cuando Marina habla del sexo, parece que te cuente como vive ella el momento, pero sin caer en lo chabacano. Lo realza con sentidos y actitudes en una sola frase, algo complicado que se lee y entiende fácilmente. Te deja un universo de lo que puede ser el sexo en una habitación blanca y llena de puertas rojas, como un laberinto llamando al amor puro: “Estábamos desnudos, el uno frente al otro, más que sexo, acabó siendo un bello acontecimiento, donde los sentidos fueron los protagonistas”. Esto a un español no se le ocurre, no puede o no esta capacitado, es más se reiría como si fuera una milonga. Para mí, que tengo que ser un fugitivo de Marte, es poesía que descubre cielos azules como el raso del mar, llenos de agua templada y dulce, la sal se ha evaporado para siempre…Si las mujeres cultivadas argentinas en su gran mayoría son como Marina Mariasch, podría amar desde lo más profundo de mi corazón eternamente a todas las argentinas capaces de ser poesía solo con verlas respirar y hablar…

lunes, 28 de julio de 2014

El olvido habitaba en la memoria




(Inspirado en “La gran ventana de los sueños” en Citas de mi diario de sueños. Rodolfo Fogwill).
Intente guardar en la memoria un número infinito de sueños. Como la naturaleza humana es finita, los fui olvidando casi todos gradualmente. Se perdían uno a uno con lentitud. Desaparecían indefinidos y constantes. Progresivos en una realidad formal. Inundados en la despedida desencantada, ahogada por la propia resaca del desengaño. Sueños pesados y soporíferos, que se evaporaban en pleno letargo. Llamados a sí mismos desde el eco amortiguado de las profundidades del océano. Susurros de sirenas malhumoradas, misterios ocultos en el secreto, sopor envuelto de brumas derivado de la somnolencia más insufrible.
Perseguí a esos sueños tanto tiempo, que olvide que los estaba buscando, pendiente siempre de mi memoria. Llegando a enloquecer, perdiendo incluso el rastro a los años vividos. Vivir consistía en olvidar al destino, los objetivos fraguados por esa marchita y caprichosa neurosis de la memoria. Ansiedad producida al perderme en el tiempo de la inocencia, ante las experiencias desapacibles, caminos llenos de piedras. Recordar en la edad de los ochenta años, habiendo llegado solo a los cuarenta. El paso del tiempo no tiene relojes para mirar, ni brújulas y no perderse, al vagar por las estrellas.
Sucesos programados en los espacios de las conciencias marchitas. Las sombras gruesas y oscuras de los extraños más íntimos me persiguen, espías ocultos en una noche desierta. Fraguas a fuego lento, por el olvido de la conciencia. Quise parar el espacio y los ciclos de esos sueños retenidos. Mantener inmóvil el halo del recuerdo. Ver abriese esa ventana de la razón, reteniendo sus obras inéditas y frescas. La pena busca antojadiza a la incesante evasión del olvido.
Sería capaz de atrapar las fugas de la memoria, pero solo soy un hombre con cerebro algo vago, con poca inteligencia, perezoso desde la indigencia de mis pobres ideas. La debilidad de mis pensamientos carece de la armonía del razonamiento. Amnesia y omisión propicia al extravío. La falta de comprensión en el juicio de la razón, crea los monstruos con rostro propio, constantes en las pesadillas sofocantes y calurosas, productos de la indiferencia. El motivo por el que rebusco sin aliento y con tanto ahínco a los sueños olvidados. Empeñado cerca de la rabieta, para que me proporcionen sostén en un presente no muy lejano. Así tendrá su propio amo ese engendro de las visiones. Arpías ladronas de las ilusiones, caseras envidiosas de sí mismas. Al terminar por el sobresalto, las alucinaciones se pierden en su propia ceguedad, cerrando con candados fuertes y bien forjados, puertas, esas ventanas que escribían solas en el diario de los sueños. Las furias del abismo crean la esclavitud en el olvido de la memoria, hermetiza cualquier salida del cuerpo, de mi propia casa.
Los vientos inoportunos no volverán a robar a la memoria, a un anciano de cuarenta años. Préstamo vigente del hoy mismo, intercambio presente en un ahora reciente, sin poder escaparse para siempre en un mañana sin nombre.
Quiero crear ilusiones originales, que no acaben en un intento de ficción sin reacción opuesta. Que no lleguen a ser la creación de otro, sin intrusos que puedan resoñar mis sueños, sin robos. Serán solo míos, sin violar sus leyes, ni tomar su estilo, sin poder escucharlos, ni rememorarlos. No habrá intrusos narradores. El único valor añadido que se creó natural en mi, será explotado a toda máquina, con la banda sonora de una orquesta de leyenda. La recuperación de mi olvido será relatada en la compañía de mis seres queridos, a la vera de la cama de un hijo que no tuve, pendiente de relatarle su primer cuento, un relato de fabula, a la entrada de sus primeros sueños. Escapándose y fugándose entre el éxtasis de mis más ocultos sentidos. Dedicado a quienes desean escuchar el susurro más intenso de mis sensibilidades, pues la memoria esta en casi todos los que sueñan, olvidan con razón pues es audaz el que repara en sus propias mediocridades, sacando de la memoria la desidia que lleva solo al odio. Recursos inmersos en el rescate de la memoria. Abriendo para siempre la enorme ventana al primer origen, fruto fugaz y posesivo del libre pensamiento, sin sorpresas, sin añadiduras, arrancando sin piedad esas semillas, las segundas partes que cosechaban a ese olvido.
Hoy rescato de los sueños un recuerdo, que ya no es olvido, forma parte más de la memoria, esta fuera incluso del propio cerebro, un bichito propio de la naturaleza del ser humano, vagabundo insoportable, fuera de mí aunque dentro de los pensamientos. Salvando momentos, que quieren volver por si solos. Lazos que se unen entre las machacadas neuronas del pasado, solas evocan minúsculos impulsos eléctricos a la alusión que transforman una determinada entidad, con cuerpo y alma.
Natalia en una argentinita tan sabia e inteligente que sin darse cuenta se transforma en inhumana Una ninfa del deseo, que arranca el fuego venenoso del interior de su momentáneo amante, sin apenas esfuerzo. Un espíritu bueno que se puede infiltrar como un virus y quedarse en tus sueños para siempre. La segunda vez que tome café con Natalia, no sabía si me encontraba con una divinidad o con una alienígena. La fuerza narrativa que posee al contar el más mínimo detalle de un momento cotidiano, se convierte en un acontecimiento sin igual. Puede ser el personaje de un cuento de sirenas, un ser fantástico que habita en las fábulas. Escuchando música, hará que te sientas espectador en una filarmónica de Viena, con una obra del tamaño de Sheherazade, Rimsky – Korsakov. Observaciones que se agradecerán con el paso del tiempo, de una argentina culta, bien formada, atractiva y muy bella, propia del gusto sensual y físico del hombre argentino. Para el español de a pie, machista a la antigua, y algo vulgar, será la jamona con hueso, pero de pata negra. Natalia esta creada para andar con naturalidad por el lujo. Documentadas narraciones con una pizca de paranoia, aunque exquisitas las formas, dudosas teorías sobre su infancia, servicios en cuerpos especiales de seguridad, imaginarias inteligencias secretas, con las que indirectamente a podido tener relación.
Recupero la memoria sin querer, cuando no se desea, como pasa siempre. Me siento auto flagelado, marchitado el tiempo presente se me abalanza al cuello. Debería ser una dicha poder repasar las maravillas de lo que ha merecido la pena ser vivido. Pues de Natalia se puede decir que también entre sus cualidades contribuyeron figuras elegantes e innovadoras, en catálogos de moda, curso estudios de diseño en Roma y Milán. Es una gran observadora de los usos y costumbres sociales en el país que se encuentre, aparte de comprender y desarrollar analíticamente a primera vista el mapa de un rostro, pues es licenciada en psicología. Sabe cinco idiomas, y su nombre de guerra es Martina Valentino, un nombre universal que sabe a espía de cualquier tiempo y época. Quisiera contarle que rescaté de su memoria, sueños que no pasaron, que jamás ocurrieron.
Escuchar las explicaciones sobre sus reflexiones de contenido más secreto, estar cerca para consolarla en sus días tristes cuando se aproxima el invierno, cuando se encuentra tan lejos de su Argentina, son actos que merecerían la pena ser vividos, sentirse como un héroe pues te lo permitirá. Entre sus frases claras y contundentes, se entremezclan inesperados tiempos inciertos, sueños en los que solo ella, cada vez con más fuerza, tiende a reaparecer y reproducir como un espectro del pasado.
En ocasiones me pregunto de cuál sería el motivo que la hiciera salir de su Buenos Aires querido. Cuenta que fue el amor, pero desconfío de esa verdad que no deseo retener en la memoria. Verla en su ambiente sería aprender en un curso intensivo del mundo, plácida en su verdadero estado mental, lleno de ilusiones adolescentes, antojosos gustos del deseo, arranques enrabietados de niña, capricho argentino.
Después de descansar un poco, despertar del viaje, y respirar la mañana Platense, en uno de esos barrios residenciales alejados del centro de la capital, enseguida bajo la cuesta donde está mi cabañita chiquita. Cruzo hacia la esquina de un chalet grandioso, fastuoso, más que pomposo. Desde uno de sus amplios balcones le sirven a Martina el desayuno del olvido. En estos días no me puedo culpar de mi propia ignorancia, pues tengo la enorme dicha de ser de los pocos amantes de pocos días, que han conocido a esas dos intensas e inteligentes mujeres, personalidades ambiguas, unidas en una sola memoria, un mismo recuerdo. Un buen día me contó, mirándome fijamente, frente por frente, en gran magnetismo, lagos verdes que son sus ojos penetrantes, unos relatos biográficos que persigo cada noche. Se harán realidad esos sueños que siempre se escapan, con el sonido de una llamada de teléfono, un despertador, un timbre de una puerta, en fin...
Tardes tomando café, cerca de una alcoba, visualizando un rincón con una ventana pequeñita, una camita generosamente amplia, una pileta limpia y lujosa donde asoma la eternidad del deseo. Natalia nació por accidente en Barcelona, pero la mayor parte de su vida la pasó en su barrio porteño de Belgrano junto al estadio de “Los Millonarios del River Plate”. Siempre me recibe con pasos joviales, aires de ejecutiva, vistiendo para la ocasión un traje blanco, ingenio de obraje y estilo colonial. Siento que ha progresado, ha prosperado de nuevo, siempre superándose a sí misma, descubriendo imperios nuevos, sol naciente para los amantes, que la noche convierte en prisioneros. Pero de la misma forma que entra, se difumina y sale, elegante a paso lento, sonidos de tacones lejanos por el pasillo, arte de magia en el desconsuelo, paso tras paso seguro, firme filo metálico que se clava en el suelo, como puñalada en el corazón que deja huella. Es la ilusión de un ensueño, desde un luminoso y verdoso jardín cuidado, sale segura de sí misma, enardece y aviva a la pasión, llama sagrada de mi olvido con los sueños. Tal vez me encuentre en su memoria como un milagro que amanece, caída que deriva en polvo de estrellas desde el fin del firmamento.
Natalia es la dueña de esta locura, siempre más complicada y original que cualquier intento de la ficción, por eso esta tan implicada en cada uno de sus actos, azucarada y avivada en la lucha del entusiasmo, difícil plan para poder creer sin despertar, al ser tan real el olvido de mi memoria…
(Dedicado desde la más sincera humildad, a un poeta, de un buen poeta, escritor, maestro y sociólogo argentino como Rodolfo Fogwill. Aunque como el mismo autor dijo un día: “sean tan necesarios, los malos poetas”. Gracias doy a los poetas que nos hacen discurrir por senderos recuperables en esperanza, sean buenos o malos. Los que nos inquietan, los que nos hacen fluir libres y ligeros de carga, como elementos salvajes de una corriente de agua viva, limitada por la orilla fronteriza de los sueños. Un viejito sabio en imagen, no tanto en edad, pues murió con 69 años. Un ancianito de rostro, con un joven corazón, que descubrí hace poco y me llenó tanto el interior de su magia escondida y luchada, forjada por su memoria con olvido. Me dejó temblando en mis propios sueños. Escribió una prosa única, original y maravillosa, envuelto siempre en el perfume de los versos. Benditos olvidos los de Fogwill. Vibrantes cigarrillos que chispeaban entre sus dedos, invocando al ingenio y al donaire más sublime de un genio de las palabras, pues era un fumador compulsivo sin reparos. Contemplados y recogidos desde esa cámara mágica que lo capta todo en pocas palabras. En su obra se puede disfrutar de una joya de la literatura argentina más autentica, como esta: “Citas de mi diario de sueños” - “La gran ventana de los sueños”).